El apego.

La teoría formulada por John Bowlby y Mary Ainsworth sobre el apego o vínculo afectivo que se establece entre el cuidador o cuidadores e hijo o hija, es uno de los postulados más fuertes dentro del desarrollo emocional. A lo largo de la historia de la psicología, la teoría del apego tiene una gran importancia derivada de la influencia en el desarrollo de las personas.

La Teoría del apego, propuesta por Bolwby, está organizada en un sistema de cuatro conductas relacionadas las cuales configuran el llamado “Sistema de apego”, estas estaban organizadas por la capacidad de exploración, el desarrollo de conductas de miedo ante personas no conocidas y el desarrollo de una estructura afiliativa. El sistema de conducta de apego se caracteriza por todas las conductas de acercamiento o contacto que tenemos con nuestro entorno, tanto con nuestras figuras de referencia como con otras personas que configuran nuestro sistema afiliativo a un grupo de pertenencia. En relación a esto, se tienen en cuenta todos los elementos generadores de una relación basada en el acercamiento, confianza, seguridad y cariño. En tanto que, a los niños y niñas desde el nacimiento, se tomarán como conductas pertenecientes al sistema afiliativo, las conductas preverbales de interacción como puede ser la sonrisa, llanto, caricias… Cuando existe un aumento en la distancia entre la figura de referencia y el niño o niña, se ponen en marcha todas las conductas de apego a fin de que dicha distancia se reduzca. Dichas señales pueden ser consideradas como señales de alerta o amenaza, de esta manera al activarse los mecanismos preverbales se consigue que la figura de referencia de aproxime.

Otro de los sistemas propuestos en la teoría del apego es el sistema de exploración, a través del cual cuando se activan las conductas de proximidad, el niño o niña limita su nivel de interacción con el medio más próximo.

El sistema de miedo a los extraños se traduce en la reducción de conductas que faciliten la interacción con el medio y la exploración, combinado con un aumento en la búsqueda de figuras de referencia y dependencia de la presencia de las mismas en el momento de interacción del niño o niña con el entorno, es decir, cesamos en nuestra conducta de reconocimiento del entorno y saltan los sistemas de alerta o alarma a fin de aumentar la proximidad con nuestra figura de apego. Por último, el sistema afiliativo está relacionado con el interés, intencionalidad o necesidad de mantener una relación constante e interés hacia otros sujetos, con vínculos afectivos previos o no, con los cuales pueden realizar acciones afiliativas, compartir intereses, sentimientos de pertenencia y representación del grupo…

El apego, en definitiva, representará todas las conductas derivadas de elementos contextuales e individuales que favorecerán la relación con otros, la exploración del entorno y la apertura hacia nuevos entornos.

Ainsworth (1970) generó un conjunto de estudios alrededor de una experiencia llamada la “Situación del Extraño” (Ainsworthy Bell, 1970), con el fin de valorar la relación que se daba entre las conductas exploratorias en los niños o niñas y las conductas de apego. Dicha experiencia se
desarrollaba en una situación de laboratorio, con una duración de veinte minutos, en la que se observa la conducta de un niño o niña, en relación a la interacción que realiza con el espacio y otras agentes en presencia o ausencia de su madre. Para ello, durante el experimento, la madre y el niño,
objeto de estudio, son introducidos en una sala de juego en la que se incorpora una persona desconocida, la cual intenta jugar con el niño o niña mientas la madre sale de la habitación. Al cabo de un tiempo la madre regresa y vuelve a salir, esta vez con la desconocida, dejando al niño o niña
solo en la sala. A continuación, vuelven tanto la madre como la extraña. Tras la observación de la secuencia de acciones en el experimento y las diferentes reacciones que los niños o niñas tenían en cada momento del proceso, Ainsworth observó que los infantes mantenían una mayor capacidad exploratoria sobre el entorno cuando su progenitora estaba presente, sin embargo, dicha conducta tendía a disminuir tanto cuando la persona extraña entraba y cuando la madre salía de la habitación. Las conclusiones obtenidas del experimento ponen de relieve
que los niños y niñas utilizan a la figura de referencia como una base segura para la exploración, y que ante la percepción de cualquier amenaza se activaba las conductas de apego y se suspendía la exploración del entorno, tal y como Bowbly exponía previamente. Ainsworth a partir de este estudio definió tres patrones de conducta que representan el apego, en función de las diferencias en el comportamiento de los niños y niñas:

Apego seguro. El comportamiento de los niños y niñas durante el experimento se caracterizaba como dependiente de la figura materna como base para la exploración, predeciblemente ésta disminuía cuando la madre se iba. Al regresar el niño o niña se acervaba a ella en busca de contacto físico, para luego continuar su conducta exploratoria. Este tipo de patrón de apego estaba amparado por una relación materno-filial basada en la sensibilidad y la rápida respuesta de las llamadas del niño o niña, la madre se mostraba receptivas ante las necesidades de sus hijos generando seguridad, confianza y afiliación. Es por ello que el patrón de apego en los niños es sano, les facilita explorar los alrededores en presencia de la madre y la falta de su presencia mostraba la gran necesidad de proximidad.

Apego inseguro-evitativo. En el experimento los niños y niñas se mostraban independientes, comenzaban a explorar el entorno
sin utilizar a su madre como base segura desde que entraban en la habitación. En la fase en la que su progenitora abandonaba la habitación, no se observan emocionalmente alterados, así como no buscaban un acercamiento físico cuando ésta regresaba. Pese a que esta conducta independiente se pudiera entender como una conducta saludable, la autora observó las dificultades emocionales de los niños o niñas, mostrando grandes cotas de desapego. Cuando se realizaban observaciones en el hogar, de estos niños o niñas, denotaban que las madres
se habían mostrado insensibles a las peticiones del niño o niña y rechazantes. Es por ello que los niños y niñas se mostraban inseguros o inseguras y preocupados o preocupadas por el acercamiento de la madre. Esta situación llevó a la interpretación de que cuando estos niños y niñas entendía que no podían contar con el apoyo de su madre o figura de referencia, comenzaban a desarrollar estrategias defensivas como puede ser optar por una postura de indiferencia o el cese de la búsqueda de la base segura. Investigaciones posteriores muestran que en adultos con apego evitativo muestran conductas que evitan a los demás o bien sólo pueden relacionarse con los demás como medida de cuidado. En casos más graves son los sujetos que tienen relaciones con los demás, pero desde la distancia, sin implicación emocional puramente física.

Apego inseguro-ambivalente. El apego ansioso también se conoce como ambivalente o coercitivo. Las personas características de este tipo de apego tratan de tener el control de otras personas a fin de lograr sus fines. Se llama ambivalente porque las conductas oscilan de la evitación
absoluta a la necesidad de contacto. Según los estudios de Ainsworth los niños y niñas con esta clase de apego se mostraban con conductas de hipervigilancia sobre los movimientos que realizaba su madre, por lo que omitían cualquier conducta exploratoria e inhibía el juego con los elementos del entorno. Sentían malestar cuando la madre se iba del entorno del experimento y cuando esta volvía se mostraban ambivalentes, es decir, la respuesta emocional iba desde el estallido emocional negativo con episodios de ira, consecuentemente se evitaba el contacto, al cabo de un tiempo se producía de nuevo un acercamiento del niño o niña hacia su figura de referencia y finalmente de mantenía dicho contacto. El comportamiento de la figura de referencia de estos niños y niñas, en su entorno natural, era inconsistente, en ocasiones mostraban interés por las conductas de los niños o niñas, mientras que en otras ocasiones eran insensibles a las demandas de los niños o niñas. Fruto de esta disonancia en el patrón de conducta de las figuras de referencia, se daba un refuerzo intermitente a los niños y niñas que impedía la predicción de la conducta de la figura de base segura, generando inseguridad sobre la disponibilidad de estas ante sus necesidades. En la actualidad, gracias a los estudios de psicopatología basados en el trauma de apego, se ha conceptualizado un nuevo grupo tipológico de estilo de apego.

Apego inseguro desorganizado/desorientado. En este tipo de apego, inicialmente se encontraban los rasgos de apego más inclasificables, con las mayores cotas de inseguridad de todos (Main y Solomon, 1986), sin embargo, ahora se entiende que en este subgrupo confluyen características combinadas de los grupos anteriores. Durante el experimento se observan conductas confusas y contradictorias ante la separación del niño o niña con la madre. La mayoría de los niños y niños comunican su desorientación con una expresión de enfado, tristeza, baja motivación de interacción con su progenitora, llanto inesperado, rigidez en la postura y movimientos descoordinados o extraños. En general los padres de los niños o niñas de este grupo presentan historias pasadas basadas en malos tratos o actualmente se caracterizan por presentar un trastorno emocional grave o duelo no resuelto. Son muchos los factores que van a condicionar que recibamos un estilo afectivo determinados, van a intervenir las características personales de las figuras de apego, el temperamento de los niños o niñas. Sin embargo, aunque el patrón de apego es producto en gran medida del estilo de interacción entre figura de referencia e hijos o hijas, pueden influir otras variables, tales como la relación entre progenitores, el número de hijos o hijas o determinadas circunstancias estresantes. Todo ello va a determinar el grado o clase de seguridad o inseguridad que aportemos en las relaciones de vínculo. Lafuente (1992) realizó una serie de investigaciones con niños o niñas con estilos de apego diferentes, llegando a afirmar que los sujetos con apego seguro suelen tener un nivel de desarrollo más adelantado que los inseguros, destacando en su funcionamiento intelectual y rendimiento académico. Estas diferencias son más visibles entre grupos de niños o niñas con apego ambivalente y desorganizado y más difusas en los niños con apego huidizo.

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